La alondra herida

Despeinada en Rosa de María José Pombo en 500px.com

 

Yo no puedo cantarte, hijo de mi tierra.
Mi voz, entrelazada a tu corona de espinas
sólo puede sangrar por tus heridas.
Yo no puedo cantarle a tu miseria,
a tu debilidad de anquilostomas,
al vacío de tu hambre acostumbrada.
Yo no puedo cantarle a tus cadenas,
al yugo que doblega tus espaldas,
al catre pelado bajo el techo que llueve
su importancia de paja.
Yo no puedo cantarte y no te canto.
Que cante para ti la alondra ciega,
en su artística jaula emparedada,
su estupidez de flores perfumadas,
amores, besos, aguas cristalinas.
Que te hable el arroyo que murmura,
de la fuente que baja cantarina,
del jazmín que perfuma nuestras calles
en las noches de luna.
Que te cante la alondra ciega, yo veo
tu destino de hospital sin vendas:
yo soy la alondra herida.
Yo no puedo cantarte y no te canto.
Yo grito en tu voz de rebeldía,
yo golpeo en tu puño libertario.
Soy ladrillo en tu pecho amurallado,
destello en tu mirada taladrante,
palabra, en tu mensaje solidario.
Soy fibra de tu carne en el trabajo,
soy llama en la antorcha que levanta
el arco de triunfo de tu brazo.
Yo ansío con tus ansias postergadas:
hoy no puedo cantarte, te cantaré mañana
cuando pueda tu voz cantar conmigo
¡la dicha de la patria liberada!

CARMEN SOLER

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