El don


El don de la debilidad,
que me puso a prueba y me enseñó
mi verdadera fuerza interior.

El don de la ignorancia,
que me fue dado
y que cuanto más aprendo más crece
y me sujeta para no permitir que me pierda
en los pasillos llenos de engañosas luces
sostenidas por manos frágiles
que sólo saben cosas de este mundo.

El don de la pobreza,
en el que me crie ignorante de mi escasez
y que me hizo tan rica en inocencia
en alegría y en esperanza.

El don de la humildad,
que comienza al abrir los ojos cada mañana
y percibir que hemos respirado durante el sueño
mantenidos así por la Vida como niños a su cuidado.

El don del agradecimiento,
que se pega a las alas misteriosamente
cuando has llegado a batirlas con tanta fuerza
como para perder de vista pasado y futuro
y como un mantra repites GRACIAS
para explicar lo sucedido en ese vuelo.

El don del abandono,
ese confiarse placentero
ese humildísimo dejarse hacer,
ese aceptar liberador
que los ciegos ven como rendición.

El don de la poesía,
que existirá más allá de los poetas,
que se deja atrapar cuando ella quiere,
que germina en soledad,
que me permite ser sin disfrazarme;
ese don que se parece tanto a lo esencial.


BEGOÑA ABAD

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