HERIDAS LUMINOSAS


Cuando es preciso sangrar para curar heridas,
pero para ello hay que tener el valor
de levantar las costras de la vida acumulada
que nos engaña y disimula el desgarro.
La VIDA aguarda, y su tiempo es perfecto,
a que hayamos aprendido a resistir
y a mano nos acerca la herramienta
nos levanta la venda de los ojos
y ahí sí, con una ternura inusitada,
comprendemos que todos somos herida
y que los bordes al rozarse duelen
y que hay que lavarla una vez más
lágrima a lágrima,
hasta que sea sólo luz lo que supura.


BEGOÑA ABAD

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