Y la gente…

Y la gente se quedó en casa.
Y leyó libros y escuchó.
Y descansó y se ejercitó.
E hizo arte y jugó.
Y aprendió nuevas formas de ser.
Y se detuvo.
.
Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.
Alguno rezaba.
Alguno bailaba.
Alguno se encontró con su propia sombra.
Y la gente empezó a pensar de forma diferente.
.
Y la gente se curó.
Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante.
Peligrosos.
Sin sentido y sin corazón.
Incluso la tierra comenzó a sanar.
.
Y cuando el peligro terminó.
Y la gente se encontró de nuevo.
Lloraron por los muertos.
Y tomaron nuevas decisiones.
Y soñaron nuevas visiones.
Y crearon nuevas formas de vida.
Y sanaron la tierra completamente.
Tal y como ellos fueron curados.
.
(K. O’Meara – Poema escrito durante la epidemia de peste en 1800)

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Elegí la Vida

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Elegí la vida
No quise dormir sin sueños:
y elegí la ilusión que me despierta,
el horizonte que me espera,
el proyecto que me llena,
y no la vida vacía de quien no busca nada,
de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.
 
No quise vivir en la angustia:
y elegí la paz y la esperanza,
la luz,
el llanto que desahoga, que libera,
y no el que inspira lástima en vez de soluciones,
la queja que denuncia, la que se grita,
y no la que se murmura y no cambia nada.
 
No quise vivir cansado:
Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,
el camino sin prosas, compartido,
y no parar nunca, no dormir nunca.
Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,
y llegar más lejos,
habiendo disfrutado del paisaje.
 
No quise huir:
y elegí mirar de frente,
levantar la cabeza,
y enfrentarme a los miedos y fantasmas
porque no por darme la vuelta volarían.
 
No pude olvidar mis fallos:
pero elegí perdonarme, quererme,
llevar con dignidad mis miserias
y descubrir mis dones;
y no vivir lamentándome
por aquello que no pude cambiar,
que me entristece, que me duele,
por el daño que hice y el que me hicieron.
Elegí aceptar el pasado.
No quise vivir solo:
y elegí la alegría de descubrir a otro,
de dar, de compartir,
y no el resentimiento sucio que encadena.
Elegí el amor.
Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
personas que vinieron y se fueron,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.
 
Elegí los sueños para decorarla,
la esperanza para sostenerla,
la valentía para afrontarla.
No quise vivir muriendo:
y elegí la vida.
Así podré sonreír cuando llegue la muerte,
aunque no la elija…
…porque moriré viviendo.

RUDYARD KIPLING

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NO SEAS TAN SINCERO

Cuando nuestra sinceridad es capaz
de bajar una autoestima, mejor
quedémonos en silencio.

Cuando nuestra “opinión”
es capaz de desmotivar a alguien,
mejor quedémonos en silencio.

Cuando nuestra “critica constructiva”
es capaz de disminuir a alguien.
Mejor quedémonos en silencio.

porque “verdades” sin empatía y amor
son conveniencias emocionales para
satisfacer nuestro ego.

MAXIMO TUERO

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Begoña Abad

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Las arenas movedizas del pasado,
la levedad de la herida de vivir,
cada ola que fue yendo y viniendo
a los cristales azules de sus ojos,
la trajeron a este lugar sagrado.
Ahora es ya la firmeza de la tierra
hecha árbol, la sujetan las raíces
que le hicieron crecer desde el principio,
pero sabe de su fragilidad en cada hoja
todo está ya escrito en ellas.

BEGOÑA ABAD

 

El verano (Fragmento)

En medio del odio descubrí que había, dentro de mí, un amor invencible.
En medio de las lágrimas descubrí que había, dentro de mí, una sonrisa invencible.
En medio del caos descubrí que había, dentro de mí, una calma invencible.
Me di cuenta a pesar de todo eso…
En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible.
Y ESO ME HACE FELIZ,
porque esto dice que no importa lo duro que el mundo empuja contra mí; en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta”.

ALBERT CAMUS, “El verano”.

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Memoria de otros mares

Aromatizando el Color by María José Pombo on 500px.com

Busco una red donde enredar el alma,
las noches de los desheredados del sueño.
Tejo entre mis dedos hilos deshilachados que se enredan en mi muerte perdida.
Cuelgo las imágenes de una fuerza fuerte
como el viento que quería cambiar el mundo
Y ahora… Ahora, es apenas brisa.

Busco el barco hundido donde descansar la oscuridad,
el pecio olvidado riqueza de otro mundo lejano.
Surco el mar lúgubre de las pesadillas que se meten en mis sienes a golpear impotencias.
Indago en los baúles, en las cajas de los versos perdidos
semillas heredadas de los que me antecedieron.
Y ahora…Ahora los poetas son otros…

Los versos son otros,
la muerte es de otros.

Nos insisten en despertarse los tiempos oscuros
aquellos que escondieron nuestros muertos en las cunetas,
aquellos que tendieron al sol nuestras vergüenzas,
aquellos que heredaron lo que nos robaron.
Aquellos, sí, aquellos que mataron al poeta.

Busco una esperanza donde descansar las palabras
y dejarlas volar a un mundo ya olvidado;
pero ellas insisten en desbordar la caja,
rebosar del borde y caer al piso
Escriben sobre el albero “No te olvido, Juan, no te olvido”

(M YOLANDA GARCÍA ARES)