Decir, hacer


Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido
La poesía.
Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.
No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.
La poesía
se dice y se oye:
es real.
Y apenas digo
es real,
se disipa.
¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.
Teje reflejos
y los desteje.
La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.
Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.
Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.
Los ojos
se cierran
Las palabras se abren.

OCTAVIO PAZ

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Palabras para Julia


Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

JOSÉ AGUSTIN GOYTISOLO

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Delirio Incrédulo


Bajo la flor, la rama;
sobre la flor, la estrella;
bajo la estrella, el viento.
¿Y más allá?
Más allá, ¿no recuerdas?, sólo la nada.
La nada, óyelo bien, mi alma:
duérmete, aduérmete en la nada.
Si pudiera, pero hundirme…

Ceniza de aquel fuego, oquedad,
agua espesa y amarga:
el llanto hecho sudor;
la sangre que, en su huida, se lleva la palabra.
Y la carga vacía de un corazón sin marcha.
¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.
Y que no lo recuerdes. Era tu gloria.

Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha
en el soplo de tu aliento.
Mira en tu pupila misma dentro,
en ese fuego que te abrasa, luz y agua.

Mas no puedo.
Ojos y oídos son ventanas.
Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;
no llego hasta la Nada.

MARÍA ZAMBRANO

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre
escarchaba de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol,
porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

MIGUEL HERNÁNDEZ

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Aigua

La necesidad nos alejaba de la orilla,
de la casa que nos cobijaba,
cuando alzábamos el rostro al mediodía.
Dolía el aroma del pan,
y hasta el humo de las nubes,
empujaba a la partida.
Nuestros pasos hicieron las maletas,
buscando heridas nuevas,
y nuevas cicatrices que experimentar.
Corría el tiempo,
sumergido en frágiles jardines,
mientras, en nuestros cuerpos,
la dignidad crecía.

AMPARO CLIMENT

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A las orillas del Sar

En los ecos del órgano o en el rumor del viento,

en el fulgor de un astro o en una gota de lluvia,

te adivinaba en todo y en todo te buscaba,

sin encontrarte nunca.

Quizá después ha hallado, te ha hallado y te ha perdido

otra vez, de la vida en la batalla ruda,

ya que sigue buscándote y te adivina en todo,

sin encontrarte nunca.

Pero sabe que existes y no eres vano sueño,

hermosura sin nombre, pero perfecta y única;

por eso vive triste, porque te busca siempre,

sin encontrarte nunca.

ROSALÍA DE CASTRO

El don


El don de la debilidad,
que me puso a prueba y me enseñó
mi verdadera fuerza interior.

El don de la ignorancia,
que me fue dado
y que cuanto más aprendo más crece
y me sujeta para no permitir que me pierda
en los pasillos llenos de engañosas luces
sostenidas por manos frágiles
que sólo saben cosas de este mundo.

El don de la pobreza,
en el que me crie ignorante de mi escasez
y que me hizo tan rica en inocencia
en alegría y en esperanza.

El don de la humildad,
que comienza al abrir los ojos cada mañana
y percibir que hemos respirado durante el sueño
mantenidos así por la Vida como niños a su cuidado.

El don del agradecimiento,
que se pega a las alas misteriosamente
cuando has llegado a batirlas con tanta fuerza
como para perder de vista pasado y futuro
y como un mantra repites GRACIAS
para explicar lo sucedido en ese vuelo.

El don del abandono,
ese confiarse placentero
ese humildísimo dejarse hacer,
ese aceptar liberador
que los ciegos ven como rendición.

El don de la poesía,
que existirá más allá de los poetas,
que se deja atrapar cuando ella quiere,
que germina en soledad,
que me permite ser sin disfrazarme;
ese don que se parece tanto a lo esencial.


BEGOÑA ABAD

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Mi locura

Después de mucho andar, mucho perder, mucho luchar, me dicen: “Para qué”?
Yo digo simplemente: “Para vivir mejor”.
Me dicen: “Cómo es eso,
si tú vives bien ¿Qué más quieres, di?”
Yo digo en tonto: “No sé”
Pero es claro lo que quiero para todos,
y me digo por lo bajo: “!Pues sí que estamos bien!” Y sigo trabajando más que un tonto
por una gloria total,
con inocencia,
y a veces con tan alta claridad,
que esa luz casi parece una ferocidad.

GABRIEL CELAYA (El hilo rojo)

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Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman:
Ahí va la loca soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de mi vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

ROSALÍA de CASTRO